I married a monster from outer space

Bill es un guapo jovenzuelo que ha vivido intensamente la década de los cincuenta. Ahora ha llegado la hora de sentar la cabeza y después de una cutre despedida de soltero que le hacen sus amigotes en un bar lleno de busconas, se encamina en su coche a visitar a su futura esposa, Marge. Pero en el camino se tiene que detener porque parece que ha atropellado a un señor. Nada más lejos de la realidad. Un feísimo extraterrestre le aguarda en la cuneta, le inmoviliza y luego le envuelve en una misteriosa nube de humo negro.

 

Llega el día de la boda y Marge, la novia, está inquieta porque su Billy se retrasa. Pero todo es una falsa alarma. Bill llega a tiempo para el enlace y acto seguido la pareja de tortolitos se encamina hacia la deseada lina de miel, donde podrán dar rienda suelta a la pasión que les ha unido.

Ya en el hotel, Marge se insinúa sexualmente a Bill, aunque eso sí, de una manera bastante recatada. Bill permanece absorto en la terraza, contemplando el mar, el cielo y las nubes. La ardiente novia se mete en el dormitorio y desde allí llama a su amado esposo, el cual nos muestra su verdadera cara cuando un relámpago se refleja en su rostro y podemos comprobar que bajo su piel se oculta la fea cara de un extraterrestre.

Fundido en negro y deprisa y corriendo pasamos al año siguiente. Marge escribe una carta a su madre en la que le expresa su frustración. Con su refinado y casto lenguaje de 1958, lo que la chica viene decir a su progenitora, es que lleva un año casada y muy mal follada  y que ya no aguanta más. Su marido no es el mismo chico del que se enamoró y con el que se casó. Después va al médico a hacerse pruebas de fertilidad. Ella está estupenda. Por lo tanto el problema debe estar en Bill.

Una noche  Marge decide seguir a Bill para ver si se va a hacer cruising o de putas o lo que sea que haga para que luego no le apetezca tocarla nunca. La sorpresa que se lleva es mayúscula cuando ve que su marido se va al bosque, se transforma en extraterrestre y luego se mete en una nave espacial que está aparcada entre la maleza.

Pero Bill no es el único terrícola que ha sido suplantado. Algunos de sus amigos, un agente de policía y unos señores que pasaban por allí han sido cambiados por unos extraterrestres que vienen de un planeta de solterones y que necesitan urgentemente encontrar hembras fértiles con las que procrear y así perpetuar su especie. Una vez que Marge descubre la terrible verdad, que se la cuenta su propio marido extraterrestre, tiene unos momentos de duda, ya que el alien-Bill le confiesa que ha desarrollado sentimientos amorosos hacia ella. Y claro, la mujer pensaría que no estaba nada mal quedarse con un marido pelele que la trataría como a una reina y que luego no la molestaría con su aliento de borracho. Ya sabéis que si queréis saber cómo continúa, tendréis que ver esta película.

La película es tremendamente entetenida. Los efectos especiales buenos e ingeniosos, teniendo en cuenta lo chungos que solían ser en este tipo de producciones. Tampoco hay que ser un lince para intuir que tras este desquiciado argumento se escondía una nada sutil metáfora: que el amor y la pasión se acaban siempre con el matrimonio.

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