King Kong vs. Godzilla

Esta coproducción USA -Japón se rodó en 1962. En realidad no es más que una peli japonesa a la que los yanquis le insertaron unos planos sin interés en los que, desde la ONU, un presentador de TV y un científico comentan lo que ocurre en Japón cuando Godzilla despierta por enésima vez y se lanza directo a realizar su pasatiempo favorito: destruir Tokyo.
Unos farmacéuticos japoneses que han viajado a una isla cercana para recolectar unos frutos con capacidades sedantes, se topan con que está habitada por unos salvajes que adoran a King Kong. En esta isla se viven algunos de los mejores momentos de la película, poblada por unos indígenas muy tikis que en son en realidad ¡¡japoneses pintados de negro!! Después de luchar con un pulpo gigante en una escena memorable (el pulpo es auténtico en la mayoría de los planos) Kong es capturado y llevado hasta la capital nipona, desde donde es transportado por el aire con unos globos gigantes hasta la zona catastrófica en la que el lagarto gigante está haciendo de las suyas.
Por fin tiene lugar el esperado duelo entre las dos bestias, y después de un montón de mamporros el gorila gigante se alza con la victoria. Godzilla se hunde de nuevo en el océano y King Kong se marcha nadando en dirección a su querida isla.
La película se pasa en un suspiro y si merece la pena es porque está llena de aciertos visuales. Y no sólo nos referimos a la decoración de la isla tiki, sino también a lugares tan cotidianos como el piso donde viven los protagonistas, decorado con un gusto muy exquisito… Y este comentario no tiene ningún tipo de doblez o ironía. El vestuario también es brillante, y si quizás hay que poner pegas a algo, sería al propio King Kong, que es feo y tiene los pelos muy mal pegados a lo largo de su cuerpo.
Lo único que se hace insufrible el desarrollo de la cinta son las constantes intervenciones de los personajes occidentales, siempre ajenos a la acción.
Add comment Febrero 26, 2008